martes, 5 de julio de 2011

AnichA*+... si la nada fuese el camino...

Cuando caminar se vuelve lo más importante
todo lo demás pierde peso, se vuelve efímero
Me veo caminar con la meta en cada paso
un rumbo que se dibuja en cada pisada

Éxtasis del instante, me gusta pensarlo...

Ya aprendimos que todo cambia,
y lo aprenderemos de nuevo, una y otra vez
Cambiaremos nosotros antes de que deje de cambiar
el resto

Por eso camino... me construyo mi destino,
sin formas ni personajes
solo esencias de verdades...

Me observo a cada paso, me conozco,
pues el aire me erosiona -
            el agua me transporta -
                  el fuego me devora -
                     la tierra me transforma...

y buscando luz cambio de forma...

Hago raíces en mi profundidad
para expandirme con mas fuerza
Penetro y exploro mi oscuridad
alimentándome del Inti
para que ilumine con mis ojos el andar...

Sin aferrarme a nada para poder continuar
me lanzo al vacío,
         desgarro mi presente,
                        olvido mi pasado...

La nada se vuelve permanente
y renazco en un nuevo estado
Se asoma un nuevo loto
en lo turbio del pantano...

Y todo empieza de nuevo,

                               viene la luna creciente*+...

blown away*+...

domingo, 26 de junio de 2011

quiero navegar*+...

Solo
          tras un gran miedo
                                         se esconde un gran dolor...

¿Cuál es tu gran miedo?
¿De qué estas enfermo?
¿Cuál es tu dolor oculto?
Ese dolor nos ancla a la inconsciencia
y aunque flotemos en el mar de la consciencia
no hay libertad
de salir a navegar
¿Qué nos ata a la infraescencia?
Es parte de nosotros
y no queremos soltar
Lo tratamos
todo el tiempo
de ocultar....

fluyendo*+...

Veo el mundo de cristales
Siento constante evolución
Camino en laberintos mentales
busco y encuentro solución

Me esfumo y caigo...
mala caída,
tengo una herida
me levanto y sigo...

Vuela entre mis manos
no pongo límites
no pone tramos...
El tiempo es fluidez...

miércoles, 25 de mayo de 2011

Blanca Muerte...

Hoy soy la blanca muerte
vengo sin ruidos ni temor
a mostrarte la luz en tus ojos
para que solo seas amor
Abre tu alma infinita
mientras tomas mi mano desnuda
toca mi vacío y olvida tu forma
tus líneas se pierden en el ahora
La quietud abre las puertas
al renacer sin bordes
vuélvete tiempo, olvida el instante
deja a la vida una nueva historia
La memoria que fuiste ya no es tuya
entrégala al viento, deja que fluya
no temas por la oscuridad
la claridad te espera
Cierra los ojos, ve la verdad
el mundo es libre si no desesperas
Respira lento, hasta no hacerlo más
el aire eres tú, ya estás adentro
Recupera tu fuerza al dejar de luchar
Sé absoluto, sé el gran tiempo
Vuélvete vida sin límites
Transfórmate en fuego inmenso
Mientras yaces tranquilo
en el frío de lo eterno.


martes, 3 de mayo de 2011

la historia del Paraíso...

Tengo ya un buen rato con una idea que no deja de dar vueltas en mi cabeza, y es que no puedo dejar de pensar que muchas de las memorias del ser humano son un recuerdo del futuro. Pienso que lo que una vez fue recuerdo e historia se convierte en profecía al seguir la voz de Nietzche cantando su eterno retorno. Una de las imágenes en la que veo esta idea de manera más clara es recordando el génesis, la historia del Paraíso y de una supuesta expulsión del ser humano de esa felicidad en la absoluta comunión con su entorno, con su Dios. Me pregunto si las manos que escribieron a Adán y a Eva, si los ojos que imaginaron esa historia, habrán estado confundidos y atados a un tiempo lineal dándole así una interpretación sentenciante al relato pronunciado.

Me imagino, en este recordar un posible futuro, al hombre decadente de nuestros días, limitado por su propia psiquis, paralizado por sus miedos, ciego al sentir de lo sagrado y mundano hasta más no poder. Le doy fácilmente forma a este hombre en mi cabeza, corroído en sus valores, atrapado en sus labores sin alma, está tan presente que no es difícil de visualizar. Pero en vez de imaginarlo como el expulsado del paraíso empiezo a comprender esa historia como una profecía contada al revés.

Ésta profecía cuenta como este hombre se descubre vacío y superfluo, y con su libre albedrío, con su libre pensamiento, decide buscarse, conocer su esencia. En esa búsqueda, este hombre, por humano y no por sexo, se vuelve a la tierra, a las plantas, a buscar en su madre su propia esencia. Con mucha suerte, y con el despertar atento de una Eva en búsqueda, encontrará tal vez la voz sabia de la serpiente, quien a través de los frutos hechos sagrados podrá darle luz a este turbio recipiente de energías. Lo sagrado le será comunicado, y un nuevo conocimiento del mundo se abrirá ante sus ojos. El peso que por tanto tiempo había estado posado sobre su ‘yo’ le será levantado, y con infinita levedad todo a su alrededor compartirá su carga, su peso de consciencia. Extasiado con la nueva visión el hombre quitará sus ropas y olvidará todos los nombres que ha impuesto sobre su entorno, sobre sí mismo. Una vez libre de los barrotes del prejuicio y la culpa el ser renacerá en la pureza, en lo Divino. Cesará de existir el dedo señalador que desde arriba aplasta, pues el estadio del hombre ya no es abajo. Se sabrá a si mismo portador del todo, con esencia de nada. Ya no temerá pues conocerá su luz, a sabiendas que en su centro yace la oscuridad de su profundidad. Y habrá retornado así la era de lo sagrado, donde el inocente convierta su mundo en un paraíso que no se reserva el derecho de admisión.


lunes, 18 de abril de 2011

De los cambios y la aceleración del tiempo....




Si vemos en una tabla de coordenadas los elementos físicos que nos rigen, la velocidad, parte de nuestra variable para la medición del tiempo, se ve cada vez mayor, ya eso lo sabemos...El tiempo pasa tan rápido que nos sentimos presionados, ansiosos, apurados, y el estrés se apodera de nuestros pensamientos y sensaciones. Mantenernos en esta frecuencia vibratoria es seguir adaptándonos, de la forma ruda en la que lo hemos venido haciendo, a una constante aceleración del día a día, de los procesos que vivimos, de la vida misma que como humanos tenemos medida. Cada día aparecen ideas para soluciones paliativas a esto, que con técnicas y productos buscan que aprendamos a tolerar más y más esta aceleración. Pero cuando los días son mas cortos y los años pasan más rápido, la vida se acaba pronto y la muerte es más amenazante...

La alternativa que observo al pensar en una solución real es el cambio de frecuencia, de una más densa a una más ligera. Del drama al zen, me gusta pensarla. En un escalón más ligero la velocidad afecta de forma diferente... Y ese cambio de frecuencia empieza por pequeñas transformaciones en la forma en la que interpretamos el mundo. Desde nuestras reacciones automáticas, comportamientos predeterminados, acciones por default; basta tener la intención de actuar de forma diferente para que empiece a ocurrir en nosotros un cambio de actitud. Cuando nos damos la tarea de detenernos a pensar y a respirar antes de reaccionar, el tiempo se detiene con nosotros, nos da la posibilidad de reflexionar y meditar. Hasta pareciera ponerse en cámara lenta. Siempre juego a como sería si el ciclo semanal abarcara 14 días en vez de 7, que se alargaran las vueltas de la rutina. Recordando que apenas logre adaptarme al ritmo de esos catorce días tendré que cambiar mis medidas de nuevo, porque la aceleración seguirá. Eso será así por un período de tiempo indefinido, hasta que una masa crítica haya hecho el cambio de frecuencia, tal vez.

Yo siento que mi universo, mi centro de gravedad cósmica, está trazando una curva un tanto cerrada en su trayectoria, y como en toda curva, la velocidad aumenta. Esa trayectoria imaginaria de la vía láctea, la veo como una bolita en el espacio danzando con otros centros cósmicos, con movimientos perfectamente incalculados entre mares y corrientes espaciales. La imagen se me repite en fractales de círculos desde nuestros protones más finos, pasando por los óvulos, la rueda, la luna, el planeta, la galaxia.... Me reconforta pensar en todos estos cambios que vivimos como esa danza cósmica, tan misteriosa, mágica y fuera de mi entendimiento que solo me queda admirarla.

Esta rapidez del tiempo viene acompañado de cambios constantes, tanto, que lo único constante es el cambio. Ya es sabido científicamente que la cantidad de cambios que vive nuestra sociedad actual ha aumentado cuánticamente en los últimos años. Es la consecuencia lógica de la aceleración cósmica que vivimos. Para ser coherentes y lograr la levedad suficiente para adaptarnos mejor a dicha situación, ese incremento de la noción de cambio también ha empezado a pasar en la forma en la que entendemos, interpretamos y construimos el mundo. Cada vez más pierde fuerza el paradigma de la búsqueda de estabilidad, la rutina se vuelve insoportable para más gente, la estructura de nuestra sociedad se ha hecho día tras día demasiado pesado como para seguir soportándolo y poder ser felices haciéndolo. El sistema sobre el cual construimos nuestras bases de vida es débil e insuficientemente flexible para atravesar este período de revolución energética. Es débil pues no soporta un cambio de condiciones psicológicas y emocionales de la colectividad. Va en contra de la búsqueda natural del bienestar y la felicidad. Ese sistema ha de romperse para construir uno nuevo basado en las reestructuraciones de pensamiento que vive la humanidad. No hay que temer al tiempo que tome construir uno nuevo, pues se tomará su tiempo redefinir unas nuevas bases y principios sociales, pero el puente entre sistemas se construye de pensamientos en expansión, de seres en crecimiento energético y ampliación de consciencias, y creo que seres así hay muchísimos en este momento.

Es importante que nuestras mentes y corazones logren un nivel tolerancia, aceptación y entendimiento con nuestro entorno que nos haga respetarlo por principio natural y no por la aplicación de una ley. En este período de transición, que por ahora asumo constante a pesar de llamarlo período, la energía universal se manifiesta con más fuerza y mayor claridad para que nos permitamos ser regidos por el fluir, por la magia, por la sincronía que existe más allá de nuestros ojos más simples. Confiar es la vía, entregarse al propio sentir, a la sabiduría interna, pues sólo al reconocer y vivir el ritmo personal podemos expresarnos en la danza universal de manera armónica y resonante.